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Lectura y Poesías

Hace siglos que no toco un libro, sin embargo la culpa de eso es el Internet porque ahora sigo leyendo todo lo que encuentro, pero lo hago directamente desde el monitor de la computadora.

Estamos de acuerdo que no es lo mismo, pero igual a mi me satisface porque he logrado encontrar una mayor cantidad de material que deborar.

En cuanto a gustos, creo que andan bien variados. Me gusta desde la ciencia ficción hasta las novelas épicas. Y los autores tampoco me gusta escogerlos. Creo que la sociedad se toma la molestia de escoger por sí misma los autores buenos y esos son los que andan dando vueltas por el Internet.

Como una pequeña muestra, anteriormente tenía en mi sitio web una recopilación de poesías de varios escritores pero debido a la poca aceptación que tuvieron, hoy los estoy resumiendo y he decidido incluir aquí solamente los que más me gustan de cada escritor.

Mario Benedetti

Hagamos un trato

Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo.
(de una canción de Carlos Puebla)

Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo.

Si algunas veces
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.


No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
            no te salves
no te llenes de calma

no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios

no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
            pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana

y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
            entonces
no te quedes conmigo

Jorge Debravo

He visto hombres...

He visto hombres saliendo de la piedra
como de un profundo y sudoros parto.
He visto hombres tumbados en la angustia
y sacando las islas de sus brazos.

He visto hombres quemar su esclavitud
y emerger transparantes como vasos.
He visto hombres beber la libertad
y seguir arrastrando un corazón de esclavo.
He visto hombres mirar las multitudes
con las pupilas tiernas como heridas,
y hombres contemplando a un degollado
con los ojos ajenos como guijas...
Y he visto hombres huir de la batalla
y era como si huyeran de su vida.


Geografía del Lápiz

Este cilindro es pequeño y torpe.
Esta hecho de madera y de grafito.
Se llama lápiz.
Con el se escriben notas.
algunas veces se hacen dibujos
y se escriben versos.
Entonces se vuelven deliciosos
y toman un olor a luna llena.
Los lapices se mueven solos
cuando los usan los espiritistas.
Yo los he visto agitarse como si tuvieran miedo
y escribir líneas macabras
en el fondo sinistro de la noche.

Este es un lápiz ignorado, anónimo.
Le compre en la tienda de Don Pedro.
Esta aprendiendo apenas
el arte de sollozar.


Pequeño Funeral

Para tí y yo acabaron los diciembres
de viento frío y alcoba sola.
Tu patria se ha ido lejos de mi patria
y tu boca no encaja ya en mi boca.
Nos agarró el Destino por los brazos
y no nos permitió la despedida.
Algún dios rencoroso partió en cuatro
pedazos nuestras últimas caricias.

No podremos volver a tomar juntos
el desayuno, en platos hermanados,
nuestras piernas en cruz bajo la mesa.
Nuestras manos no son ya nuestras manos.
Se nos ha muerto -como un buen amigo-
en la sala del alma, el entusiasmo.

Pablo Neruda

Libro de las preguntas

Si he muerto y no me he dado cuenta
¿a quién le pregunto la hora?
¿De dónde saca tantas hojas
la primavera de Francia?
¿Dónde puede vivir un ciego
a quien persiguen las abejas?
Si se termina el amarillo
¿con qué vamos a hacer el pan?

Dime, ¿la rosa esta desnuda
o sólo tiene ese vestido?
¿Por qué los árboles esconden
el esplendor de sus raíces?
¿Quién oye los remordimientos
del automóvil criminal?
¿Hay algo más triste en el mundo
que un tren inmóvil en la lluvia?

¿Qué cosa irrita a los volcanes
que escupen fuego, frío y furia?
¿Por qué Cristobal Colón
no pudo descubrir a España?
¿Cuántas preguntas tiene un gato?
¿Las lágrimas que no se lloran
esperan en pequeños lagos?
¿O serán ríos invisibles
que corren hacia la tristeza?

¿Qué pensarán de mi sombrero,
en cien años más, los polacos?
¿Qué dirán de mi poesía
los que no tocaron mi sangre?
¿Cómo se mide la espuma
que resbala de la cerveza?
¿Qué hace una mosca encarcelada
en un soneto de Petrarca?

¿Y qué dijeron los rubíes
ante el jugo de las granadas?
¿Pero por qué no se convence
el Jueves de ir después del Viernes?
¿Quiénes gritaron de alegría
cuando nació el color azul?
¿Por qué se entristece la tierra
cuando aparecen las violetas?

Amor, amor aquel y aquella,
si ya no son, ¿dónde se fueron?
Ayer, ayer dije a mis ojos
¿cuándo volveremos a vernos?
Y cuando se muda el paisaje
¿son tus manos o son tus guantes?
Cuando canta el azul del agua
¿cómo huele el rumor del cielo?

¿El 4 es 4 para todos?
¿Son todos los sietes iguales?
Cuando el preso piensa en la luz
¿es la misma que te ilumina?
¿Has pensado de qué color
es el Abril de los enfermos?
¿Qué monarquía occidental
se embandera con amapolas?

¿Qué distancia en metros redondos
hay entre el sol y las naranjas?
¿Quién despierta al sol cuando duerme
sobre su cama abrasadora?
¿Canta la tierra como un grillo
entre la musica celeste?
¿Verdad que es ancha la tristeza,
delgada la melancolía?

¿No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?
¿O no será un claridad
entre dos triángulos oscuros?
¿O no será la vida un pez
preparado para ser pájaro?
¿La muerte sera de no ser
o de sustancias peligrosas?

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre Diciembre y Enero?
¿Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engaño la primavera
con besos que no florecieron?

¿Por qué no nací misterioso?
¿Por qué crecí sin compañía?
¿Quién me mando desvencijar
las puertas de mi propio orgullo?
¿Y quién salió a vivir por mí
cuando dormía o enfermaba?
¿Qué bandera se desplego
allí dónde no me olvidaron?

Si todos los ríos son dulces
¿de dónde saca sal el mar?
¿Cómo saben las estaciones
que deben cambiar de camisa?
¿Por qué tan lentas en invierno
y tan palpitantes después?
¿Y cómo saben las raíces
que deben subir a la luz?
¿Y luego saludar al aire
con tantas flores y colores?

¿Siempre es la misma primavera
la que repite su papel?

Gustavo Adolfo Bécquer

RIMAS

XVI
Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que, oculto entre las verdes hojas,
suspiro yo.
Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que, entre las sombras que te cercan
te llamo yo.

Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón
al sentir en tus labios un aliento
abrazador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo.


XVII

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!

XXI
¿Qué es poesia? -dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul-.
¿Qué es poesia? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

XXIII
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!

XXXVIII
Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Díme mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?

LIII
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará

pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate:
¡así no te querrán!

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